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miércoles, 16 de febrero de 2011

LA RUTA DE LOS DESASTRES (12-13 DE FEBRERO)

La salida por el Cabo de Gata que proyecté para el pasado fin de semana no salió como estaba prevista, pero aún así, hubo momentos en los que disfruté transcurriendo por el trazado planteado.

Para empezar, ideé esta salida como una nueva forma de conocer gente y animarles a descubrir lugares del Parque Natural que, seguramente, no verían en sus visitas a la zona por mucha guía turística que llevaran encima. Así pues, expuse el plan del viaje en varios foros y webs de la red con un mes de antelación. Las semanas, los días y las horas fueron pasando, pero nadie se presentaba... y me vi abocado a realizarla en solitario.
'Bueno,' pensé, 'ya lo he recorrido a solas un montón de veces. Por una más no creo que pase nada.'

Dediqué un par de tardes a preparar el material que necesitaría para el trayecto. Puse la bici a punto y, el jueves por la noche, todo estaba listo para partir.


Trabajé el viernes por la mañana y salí como una flecha hacia mi casa , ansioso por montarme sobre mi máquina y disfrutar de la ruta entre Almería y San José (más concretamente el tramo entre el pueblo de Cabo de Gata y San José, ya que el paisaje precedente no es demasiado interesante que digamos). Llegué a casa y me puse a disfrutar de un buen plato de pasta para coger fuerza antes de la salida. Estaba pletórico. Qué poco me importaba ya salir sólo. Me invadía la excitación de la primera buena ruta del año a lomos de mi querida Claudia...
De repente, comenzó a sonar el teléfono. Lo descolgué y, tras una breve conversación, colgué el auricular maldiciendo para mis adentros: Me requerían para una traducción que, a buen seguro, consumiría toda la tarde.
Tenía que retrasar la salida a la mañana siguiente. Miré resignado la bicicleta equipada y lista para partir, y fui a darme una ducha y cambiarme de ropa.

No conseguí levantarme a una hora razonablemente temprana el sábado por la mañana debido al cansancio de la tarde-noche anterior. Había vuelto a casa al filo de las once y, para más inri, tuve que mandar algunos e-mails de protocolo, así que caí a plomo sobre la cama en torno a la una y media de la madrugada.
Desperté a la luz del sol que bañaba el estudio. Miré el reloj digital: Las nueve de la mañana.
'Genial. Ahora tengo que coger el bus de las diez para llegar a San José', me lamenté, '¡Y tarda casi una hora en llegar!'

Me puse en marcha y, a las once menos diez, estaba pedaleando hacia El Pozo de los Frailes. En mi primera parada, me di cuenta de que uno de mis bidones llenos de bebida isotónica había desaparecido. Seguramente, se desprendió en la bodega del autocar debido al movimiento.
Otra desgracia a añadir a una lista que iba aumentando demasiado deprisa.

Decidí que, para poder llegar cuanto antes a El Playazo y a Las Negras, donde quería estar unas horas y hacer noche, la mejor opción era rodar por asfalto. La idea no era de mi agrado, pero debía ajustarme al tiempo que tenía disponible (hasta las ocho de la tarde del domingo).
Justo cuando entraba en Los Escullos para visitar su castillo y sus playas, se puso en contacto conmigo Arturo, a quien le había enviado un e-mail unos días antes para encontrarnos en Las Negras y tomar algo juntos y/o rodar unos kilómetros. Acordamos vernos en alguno de los bares del pequeño pueblo costero.
'Tómate tu tiempo. No tengas prisa', me dijo.

Dejé atrás Los Escullos y encaré la subida al mirador de La Amatista, la cual se me atragantó un poco, rompiendo mi ritmo, a pesar de lo cual no puse pie en tierra y conseguí ascenderla del tirón.

Pasé de largo Rodalquilar y El Playazo, pensando que lo visitaría más tarde con Arturo, si éste se animaba a acompañarme a dar unas pedaladas, y me fijé como próximo destino Las Negras.
El paisaje por esta zona, el Valle de Rodalquilar, es icónico del Cabo de Gata; un llano casi infinito rodeado por montañas forjadas por el interior de la tierra. Todo un festín para la vista del viajero en busca de matices, formas y colores.

Al llegar a Las Negras, llamé a Arturo y le localicé a la entrada del pueblo, donde disfrutamos de sendas raciones de lomo y morcilla (¡la dieta ideal del cicloturista!).
Arturo, un vitoriano con un impresionante historial cicloviajero a sus espaldas, y yo estuvimos hablando de fotografía, de qué le impulsó para aventurarse desde su ciudad natal hasta Pekín, su vuelta a España...
Tiempo soleado, buena compañía y una conversación interesante mientras saboreaba las excelentes raciones de un bar en un pequeño pueblo costero... ¿Qué más se podía pedir?

Mi móvil comenzó a sonar: Eran mis padres. Habían decidido salir un par de días con la autocaravana y se habían animado a encontrarse conmigo en el Parque Natural, ya que les había comentado que estaría por allí el fin de semana.
Después de un breve paseo por el frente marítimo, me despedí de Arturo y partí hacia El Playazo.

Cuando ya quedaba menos de hora y media de luz, decidí visitar Rodalquilar, donde visité su espectacular jardín botánico y realicé un buen reportaje fotográfico de las minas para matar el tiempo. También, me interné en algunas de las construcciones que aún se mantienen en pie, muy deterioradas por el paso del tiempo.

Como anécdota curiosa, señalar que, cuando llegué a las minas, estaba completamente sólo y, cuando me fui en busca de mis padres, había una docena de personas recorriendo el lugar. Hacía pocos días que había leído que el turismo de ruinas y pueblos abandonados está en auge en la provincia y qué mejor que ver en directo que es cierto. Es una forma distinta de visitar lugares poco concurridos y que, además, genera beneficios para los pueblos cercanos.
Después de disfrutar de las viejas instalaciones mineras, recorrí las fantasmagóricas calles de las viviendas de los mineros, que llevan décadas abandonadas, por lo que se puede ver en vivo la fuerza de la naturaleza y cómo está se abriría paso a través del ladrillo y el hormigón si nosotros desapareciéramos.

El sol había desaparecido, pero su moribunda luz aún se resistía a caer bajo el dominio de la noche. Justo cuando acababa de pasar por la última calle y salía a la estrecha carretera de acceso al pueblo, apareció la autocaravana Hymel de mis padres.
Tras los abrazos y las sonrisas, desmonté el equipo de la bici y lo metimos junto a ésta en la parte trasera. Me acomodé en uno de los asientos y los tres partimos hacia el Playazo, donde pasaríamos la noche.

El domingo por la mañana volvimos a emprender la marcha para visitar Las Negras, ya que hacía algún tiempo que mis padres no lo habían visitado.

Aquél era el pueblo donde veraneamos durante años y querían comprobar lo que yo les había mencionado en varias ocasiones; que ya no era el pueblo con encanto de antaño y que el cemento y el hormigón habían cubierto grandes porciones de terreno. Tras una hora escasa allí, arrancamos y condujimos hasta Los Escullos.

Fue allí donde nos ocurrió la situación más bizarra que recuerdo de cuantas me han pasado por aquélla zona.
Mientras avanzábamos por el camino de tierra en dirección, hablé a mis padres acerca de un lugar perfecto para parar a comer y descansar un rato. Se trataba de una explanada en la que suelen aparcar las autocaravanas y que mira directamente al mar.
Llegamos al lugar y ya estaban instaladas seis o siete, pero el lugar es tan amplio que cada una se encontraba a cierta distancia de la otra. Así pues, mi padre condujo entre dos enormes camiones instalados en una esquina y maniobró para que nuestra autocaravana quedara de lado al mar.
Cuando salí y me disponía a poner las cuñas bajo las ruedas para que la autocaravana quedara nivelada y pudiéramos cocinar cómodos, escuché una voz femenina con un fuerte acento francés hablando en tono elevado con mi padre.
Me asomé al lateral y vi a una mujer delgada, de unos treinta años y rodeada de cuatro enormes mastines, haciendo dramáticos aspavientos señalando nuestro vehículo. Me acerqué a comprobar qué demonios estaba ocurriendo y, cuál sería mi sorpresa que escuché a dicha mujer diciendo que no aparcáramos allí... ¡porque le quitábamos las buenas vistas de la playa!
Mi padre le hablaba en tono tranquilizador, pero aquélla le respondía con tono amenazador. Aquéllo era totalmente surrealista: Quería que nos marcháramos aduciendo que había mucho espacio y que habíamos aparcado justamente delante de SU vista.
Al ver que las buenas palabras de mis progenitores no hacían efecto para calmar a la mujer y al hombre que se le había unido en ese momento, decidí acercarme para zanjar el asunto.
'A ver, ¿cuál es el problema?', inquirí.
La mujer se volvió hacia mí de forma brusca y contestó:
'Os tenéis que ir. Llevamos tres días aquí y vosotros llegar y quitar vistas. ¡No es posible!'
'¿Acaso el lugar es vuestro? Además, nosotros sólo estaremos un par de horas nada más.'
Ante esto, el hombre, en un tono digamos “irónico”, señaló a los cuatro mastines y dijo:
'Nuestros perros muy grandes. No controlamos bien.'
Estaba claro lo que quería darme a entender, ante lo cual ya me puse más serio y les hablé con toda franqueza:
'Pues mejor que los controles mientras estemos aquí, porque si nos pasa algo, te va a caer una buena denuncia que, por cierto, ya os podría caer por llevar aquí tres días ACAMPADOS, lo cual está prohibido.' Entonces, vi una cosa en la puerta de uno de sus camiones y añadí: 'Por cierto, ésas plantas que tenéis ahí no son legales en este país.'
A la vista de que la cosa se les había puesto en contra, el hombre, en un tono más amable, dijo:
'Nosotros creemos que no justo. Nosotros...'
'No importa lo que VOSOTROS digáis', le dije de mala manera, 'NOSOTROS nos vamos a quedar aquí un par de horas y como pase algo, la cosa no acabará bien.'
Tras esto, se retiraron a su camión para, al poco tiempo, reaparecer en su puerta comentando la situación con otros dos muchachos.

Para quitarme la tensión, mi padre me animó a dar una vuelta por las impresionantes formaciones rocosas que bordean la playa.
Mientras estábamos allí, yo fotografiando anémonas y él admirando una piragua en la que navegaban tranquilamente un pastor alemán y su dueño, comenzamos a escuchar, de nuevo, la voz de la mujer. Volvimos la vista hacia lo alto de la explanada y nos encontramos a ésta discutiendo con mi madre a la puerta de nuestra autocaravana.
Era el colmo.
Ambos salimos disparados hacia allí, pero, al vernos llegar, la mujer se retiró rápidamente a su camión. Cuando llegamos, mi madre nos explicó que ésta había comenzado a caminar alrededor de nuestra autocaravana mirando hacia el interior de forma intimidatoria, ante lo cual, mi madre salió a la puerta y le preguntó que qué quería, a lo que aquélla contestó volviendo a decir que nos teníamos que ir porque le quitábamos las vistas del mar... A lo cual mi madre le había contestado que aquéllo no era suyo y que nosotros aparcábamos donde nos salía de “las narices”.
Mi padre y yo explotamos en carcajadas ante la contestación que le había dado mi madre: La extranjera no huyó de nosotros al vernos llegar, sino de mi madre al ver que no se dejaba amilanar por muchas “miraditas” que le lanzara.
Así, pasamos el resto de la tarde en paz.

Estoy seguro de que aquéllos individuos, con toda sus pintas de hippies amantes de la paz y el buen rollo (y que demostraron ser sólo eso, unos pintas, ya que yo he conocido a gente 100% hippie, que comparte todo y media en los problemas sin amenazar), celebraron nuestra partida cuando decidimos que era hora de volver a casa.

Y así, tras tomar la merienda frente al paseo marítimo de Almería, volví a equipar la bici y me despedí de mis padres. Apenas tuve que pedalear cien metros para llegar a casa.
Una vez en ella, me dejé caer sobre el sofá y empecé a valorar sobre cómo había salido todo... y caí en el cuenta de que, a pesar de todo, no había salido nada bien, a excepción de encontrarme con Arturo y ver a mis padres: No había recorrido ni la mitad de los kilómetros planeados; había llevado un montón de material sobre la bici que no necesité; no había encontrado mi ritmo...

Pero, a pesar de todo, el Cabo es el Cabo y sigo enamorado de sus paisajes lunares, sus playas de ensueño y del descubrirme nuevos lugares cada vez que me interno en él.

NOTA: Arturo me ha dedicado unas palabras en su blog, con foto incluída. Muchas gracias, Arturo. ¡Qué grande eres!

viernes, 4 de febrero de 2011

¡10.000 visitas! (y contando)

¡¡10.000 visitas!!
Tal vez no sea una estadística demasiado brillante, pero para un blog con aspiraciones tan sencillas como éste, es toda una hazaña.

Sigo conociendo gente muy interesante, como Arturo, un vitoriano que en 2008 tuvo la idea de ciclar desde su ciudad hasta... ¡Pekín! Y todo, para llegar a tiempo a los Juegos Olímpicos que se celebraban en la metrópoli asiática.
Su última aventura ha sido rodar por la geografía penínsular durante cuatro meses. Ahora, lleva unos meses en Las Negras, un tranquilo pueblo del Cabo de Gata bañado por el Mediterráneo.

Puedes seguir su periplo en su página web:
http://subealabici.wordpress.com/

Y, hablando del Cabo de Gata, estoy organizando una excursión en bici para que la gente descubra rincones que, seguramente, no conocen.
El plan a seguir es el siguiente:

· El viernes 11 de febrero, salida por la tarde (sobre las 3 y media) desde Almería hacia San José, pasando por la costa y visitando algunas de las calas más conocidas del Parque Natural. Para descansar, existen distintas opciones, desde alojarse en el albergue, a un hostal o el cámping de la localidad.

· El sábado 12, partida desde San José rumbo a Los Escullos y la Isleta del Moro por la costa para, después, dirigirnos al interior, visitando Rodalquilar y sus conjuntos mineros, el afamado Cortijo del Fraile (escenario de las "Bodas de Sangre", de García Lorca) y la barriada de Los Albaricoques (set de infinidad de westerns). Para finalizar, regreso a Los Escullos, donde pasaríamos la noche en el camping del mismo nombre.

· El domingo 13, salida desde Los Escullos en dirección a El Playazo y llegada a Las Negras. Tras esto, regresaríamos a San José para coger el último autobús (20:00) de la tarde para volver a Almería.
La ruta no es dura en absoluto, ya que es un llaneo constante sin grandes desniveles, a excepción de las subidas de la Vela y al Mirador de la Amatista, por lo que el nivel es bastante fácil y asequible para todo el mundo.

Si alguien se quiere unir, señalar que la excursión es gratuita y sólo hay que pagar por el bus y el lugar de descanso (cámping, albergue...)

¡Un saludo a tod@s!
¡Nos vemos por los caminos!

miércoles, 3 de febrero de 2010

DESASTRES NATURALES

Ayer dejé mi querida Claudia en manos de los mozos de GeoNatural para que le revisaran la rueda de atrás, ya que, durante la salida que hice por la mañana, no paró de darme la lata. Por la tarde, recibí un correo electrónico en el que me decían que tenía un radio partido y me quedé un poco extrañado, porque no recordaba haber dado ningún llantazo durante la salida...

Peeeeeero, conforme avanzaba la tarde, recordé el encontronazo que tuve unos días antes con un perro grande, un labrador. Su dueña tuvo la feliz idea de pasear con él por el carril-bici que va hacia la universidad. Claro, como, gracias a Dios, no existe un paseo amplio y grande para las personas unos pasos más abajo...
No sé muy bien cómo, pero el perro impactó contra la bicicleta mientras corría a todo trapo hacia su propietaria. No tuve tiempo ni de presionar la maneta del freno y me casqué un piñazo de órdago.
Luego, las excusas de siempre ("Es que no te vio": "Es que no sabe lo que hace") y mis frases de siempre ("Esto no es para los perros, es para los ciclistas": "¿Por qué no va por el paseo, como las demás personas?").


La fiera en cuestión (bueno, en verdad era otra... y mucho más grande)

Esto me ha recordado un post que repliqué en el foro de Rodadas.net acerca de encuentros con animales durante alguno de nuestros viajes:

Pues yo tengo unas cuantas anécdotas, porque, al parecer, los animales me ven pedaleando por el monte y se conjuran contra mí para hacérmela por la noche, pero os contaré dos que me hicieron pasar un momento de apuro.

La primera, me ocurrió mientras disfrutaba de una ruta de pocas horas entre la Almería y un pueblo llamado Enix. En la radio escuchaba "Carrusel Deportivo" mientras subía y subía. Tras rodear un pequeño cerro coronado por un cortijo en ruinas, encaraba un terreno más suave...
De repente, sentí el suelo tembló tras la bici y, alertado, dirigí la vista atrás... Me quedé petrificado. Frente a mi, y con cara de poco amigos, estaba una cabra montesa.
Unas cuantas más cruzaron rápidamente el camino y comenzaron a descender por un barranco, pero aquélla seguía quieta, observándome a menos de metro y medio.
Yo ya veía lo que iba a suceder: Me toparía, yo volaría hasta el barranco y me despeñaría por éste.
La cabra dio un paso hacia adelante. "Ya viene", pensé, pero ésta se limitó a dar la vuelta y comenzar el descenso. Yo me quedé en mitad del camino con el corazón en la garganta. Una vez vi al grupo de animales subiendo una montaña próxima, continué la ruta rezando por no encontrármelas en la bajada.

La otra me sucedió durante mi ruta por las Alpujarras.
Tras un largo día, establecí mi campamento para la noche en un pequeño claro entre árboles, no muy lejos del camino que debía retomar a la mañana siguiente.
Monté mi tienda de campaña, cubrí la bicicleta con su lona y, tras cenar, me acurruqué dentro de mi saco de dormir. El sueño me venció pronto, ayudado por una temperatura suave y agradable.
En mitad de la noche, un sonido metálico hizo que me levantara como un resorte, pero me quedé en silencio para ver si el ruido se reproducía. Fuera había algo rondando la tienda. De repente, el sonido de una bolsa de plástico y, de nuevo, aquél ruido metálico, seguramente una lata... Entonces caí en la cuenta que, con el cansancio y las prisas, había olvidado colgar la bolsa de basura de alguna rama para que no la destrozara ningún animal.
Fuera, los ruidos aumentaron de volumen. Aquél bicho se había envalentonado y se había acercado un poco más a la tienda. Yo estaba "acongojado". ¿Qué animal sería? ¿Un jabalí furioso y sediento de sangre? ¿Un lobo solitario en busca de algo que llevarse a la boca? ¿El Yeti de Sierra Nevada? Linterna en mano, abrí la cremallera de la tienda lo justo para poder ver qué había ahí fuera, acechándome... Era un zorro, que, al ver la luz, salió disparado montaña abajo. Resoplando de rabia, salí, recogí el desastre en que se había convertido la bolsa de los desperdicios y volví al interior de la tienda, no sin antes colgar la bolsa en una rama.
Un rato después, volví a escuchar aquél tintineo metálico. Cabreado por no poder descansar, y suponiendo que el zorro había vuelto a las andadas, salí como una tormenta de la tienda clamando contra el animal... para encontrarme de bruces con un tejón.

Un tejón... pero el que yo vi se parecía más al de abajo...


Pensé que saldría huyendo ladera abajo como su predecesor, pero éste no se alegró de verme, porque comenzó a emitir unos sonidos nada amigables, por lo que, para más seguridad, volví a la tienda y me quedé sentado en el centro de ésta escuchando los resoplidos de aquél animal. De vez en cuando, echaba una ojeada para observarlo, pues no todo el mundo puede decir que han visto un tejón.
La verdad que es un animal bien hermoso, con ese pelo grisáceo salpicado de negro y blanco. Sus movimientos me recordaban vagamente a los de un oso.
Después de saciarse (lamiendo una lata de atún) y de registrar el terreno en vano, lo vi encaminarse ladera abajo.


En el momento de escribir esta respuesta, me olvidé accidentalmente de otros "encuentros en la tercera fase" con animales.

Una de mis rutas favoritas alrededor de mi pueblo, Arboleas, es una sucesión de subidas y bajadas muy divertida y excitante.
Pues, en plena bajada, creyéndome ya un as del descenso... ¡PLAFF! Un cuervo me impactó en el abdomen, dejándome sin respiración unos segundos. Me libré de un buen trastazo por centímetros, pero, cuando llegué abajo, me tiré al suelo de inmediato, intentando recuperar el aliento.
El pobre cuervo, aturdido por el golpetazo (y la sorpresa, seguramente), salió volando unos metros para despeñarse por un barranquillo cercano.
R.I.P.

En otra ocasión, tuve que huir de un grupo de gaviotas en pleno frenesí alimenticio, pero las … volaban más rápido de lo que mi bicicleta podía correr.
NOTA: Nunca des de comer a una gaviota, por muy sola que esté; ésta avisará a sus congéneres de que hay papeo gratis para todas y, si no lo hay, la ira las vuelve contra el desdichado que tiraba migas de pan.

Y por último, mis amigas las cabras… domésticas, porque, ¿quién no quiere salir de su camping y encontrarse con un grupo de éstas mordisqueando los cables de tu bicicleta o tu tienda de campaña, mientras excretan alegremente a tu alrededor, obligándote a levantar tu campamento y marcharte sin poder desayunar en el lugar?

¡Ah! La naturaleza, qué poco se preocupa por nosotros, la muy….

lunes, 4 de enero de 2010

RETOS PARA 2010

Unos días antes de que dejáramos 2009, me planteé los tres retos más grandes que me gustaría llevar a cabo durante este año.

Así que me puse manos a la obra y acabé elaborando la siguiente lista de objetivos para 2010.

1) Subida del Chullo, el pico más alto de la provincia de Almería, con 2611 metros.
2) Subida del Mulhacén, el pico más alto de la provincia de Granada, Andalucía y de la Península Ibérica, y el segundo más alto de España, con 3482 metros.
3) Ruta en BTT por las Alpujarras, desde Albuñuelas a Almería capital, con una distancia total de 304 kms y 7750 metros de desnivel acumulado.

Mis dos primeros objetivos, el Chullo y el Mulhacén, son de montañismo.



Enclavado en la vertiente almeriense de Sierra Nevada, el Chullo es la montaña más alta de dicha provincia. Sus 2611 metros se alzan entre los pueblos de Bayárcal (Almería) y Dólar (Granada).
A pesar de su altitud, llegar a su cima no reviste gran dificultad, ya que está a menos de dos horas caminando desde el mismo Puerto de la Ragua, ya a 2014 metros de altitud.
Este reto es parte de uno mayor, al que no he puesto fecha de finalización: Coronar las cinco montañas más grandes de Almería:

Chullo (Sierra Nevada)................................................ 2.611

Morrón de la Lagunilla (Sierra de Gádor).............................. 2.249

Morrón de Visorio (Sierra de Gádor)................................... 2.246

Calar Alto (Sierra de los Filabres)................................... 2.168

Peñón de Polarda (Sierra Nevada)...................................... 2.150

También me tienta la Tetica de Bacares (Sierra de los Filabres, 2083 metros), pero me limité a escoger las elevaciones de más de 2100 metros.



El interés por el Mulhacén me ha surgido en los pasados meses. Ya había puesto mis ojos en subir el Veleta en bici, pero no me había fijado en su "hermano mayor" hasta entonces.
Tampoco es un pico demasiado complicado, pero tiene sus peligros, como los rápidos cambios de tiempo, que han originado más de una tragedia. Teniendo ello en cuenta, este reto me gustaría realizarlo a finales del verano, ya que aún no habrá nevado y sólo tendré que lidiar con los neveros y el frío en la altitud.
A decir verdad, creo que será el más complicado de los tres, tanto por presupuesto para material como por logística... Y eso hace que me pique más el gusanillo de atacar la cima.

Volviendo al BTT, vuelvo a tener en mente el reto de cruzar las Alpujarras, desde Albuñuelas a Almería capital.
A esta aventura, le añadiré la subida al Veleta en BTT y, de tener tiempo, alargaría el viaje hasta San José, en el interior de Cabo de Gata.

En fin, se presenta un año cargado de ilusiones y proyectos que, espero, pueda completar de forma segura y, sobretodo, divirtiéndome y aprendiendo más acerca del medio en el que vivimos.

viernes, 14 de agosto de 2009

SALIDA NOCTURNA A CABO DE GATA (7-8 DE AGOSTO)

El pasado fin de semana, varios grupos de bikers de Almería (Almeriamtb, Tiki-Taka, C.C. Huércal de Almería...) organizaron una salida nocturna muy interesante. Fue una ruta muy sencilla y bastante conocida por la mayoría de participantes, de Almeria a Cabo de Gata.


Llegué puntual al punto de salida, el auditorio Maestro Padilla de la capital almeriense, donde ya se congregaba bastante gente, todos listos para una noche de risas y pachangueo ciclista. Además, la noche acompañaba, pues no hacía viento y el calor era bastante soportable.

Al poco de salir, efectuamos la primera parada en el lugar de encuentro con los del C.C. Huércal de Almería.

La verdad que el grupo de ciclistas era bastante impresionante, y allá por donde pasábamos, era fácil ver caras de sorpresa e incredulidad (también, se podía escuchar algún que otro insulto).



Obviamente, había quienes intentaban "escapar" del pelotón, imponiendo un ritmo bastante "alegre", e, inevitablemente, había quienes seguían a éstos Induráins, pero, en general, el ritmo era bastante tranquilo. Nadie tenía prisas por llegar a Cabo de Gata

La siguiente parada fue para reagruparnos, en Retamar.

No volveríamos a parar hasta llegar a Cabo de Gata, donde el grupo arrasó con todas las existencias de cerveza.

En la foto no se aprecia la totalidad del grupo... Porque seguían llegando a cuenta gotas.

En el camino de vuelta, algún que otro sustillo y accidentes varios, pero nada grave.

Fue mi primera salida de noche (en grupo), y espero poder repetir pronto, pues, en verdad, toda la ruta fue una gozada, con risas y cachondeo durante todo el camino.

jueves, 23 de julio de 2009

PREPARÁNDOME PARA LAS ALPUJARRAS '09

A dos meses de mis vacaciones, aún sigo enfrascado en la planificación de una ruta de ocho o nueve días que atraviesa las Alpujarras desde Albuñuelas (Granada) hasta Almería capital.

Éste es un proyecto que tuve que aparcar en mayo de este año debido a problemas de última hora, así que ahora estoy aprovechando la información que recopilé entonces, añadiéndole algunos datos más.

La ruta recorrerá los tramos de la Transandalus que discurren por la zona (si alguien no conoce lo que es la Transandalus, le aconsejo que visite la web http://www.transandalus.org/).
Aún estoy trabajando en la distribución de las etapas, ya que el trazado se presenta bastante durillo y no es cuestión de machacarse encima de la bici para llegar desde el punto A al punto B, sino de disfrutar del paisaje, las gentes y de descansar entre jornada y jornada para afrontar cómodamente cada tramo.

De momento, la distribución de las etapas sería algo así:

· Día 1: Albuñuelas - Nigüelas
· Día 2: Nigüelas - Pampaneira
· Día 3: Pampaneira - Trevélez / Trevélez - Cádiar
· Día 4: Cádiar - Válor / Válor - Laroles
· Día 5: Laroles - Laújar de Andarax / Laújar de Andarax - Instinción
· Día 6: Instinción - Énix
· Día 7: Énix - Almería

He agregado otros dos días más en caso de imprevisto y para disfrutar de otros pueblos cercanos a los que visite.
También, he variado en algunas cosas lo planeado para mayo y escogido otras opciones; he dejado a un lado la opción de bajar a Lanjarón, ya que no me interesaba perder demasiada cota para tener que recuperarla al día siguiente.
Además, animado por varios comentarios, estoy contemplando la subida a alguno de los picos de Sierra Nevada, aunque de éstos, es el Veleta el que cuenta con más opciones, debido a que en el Mulhacén no te dejan llegar a la cima ni empujando la bici.

Lo bueno de haber tenido que retrasar este proyecto es que he ido leyendo más crónicas de bikers que ha recorrido el área, como Julen Iturbe (http://blog.consultorartesano.com/), que se encuentra en pleno rodeo de la Transandalus y que, prácticamente, está siguiendo mi misma ruta (de él saqué la idea de la subida al Veleta).

Esperemos que el tiempo acompañe cuando esté por allí... En verdad, ésa es la única gran preocupación que tengo.

sábado, 11 de julio de 2009

Ruta del Western en BTT (Cabo de Gata, Almería)

Como el pasado fin de semana no podía ir al pueblo, decidí marcarme una "ruta del Spaguetti Western" de dos días y una noche por el interior del Cabo de Gata.

El sábado, me marqué cerca de 70 kms (Boca de los Frailes - Los Escullos - Rodalquilar - Cortijo del Fraile - Los Albaricoques - Rodalquilar - Los Escullos - San José).


Llegué en bus a la Boca de los Frailes desde Almería sobre las 3 de la tarde y enseguida me puse en camino hacia Los Escullos y Rodalquilar. El calor se hizo notar ya en el primer par de kilómetros, pero la primera parada importante la realicé en Rodalquilar, en un barecillo junto a la iglesia. Con todo el agua que bebí allí compensé la subida al Mirador de la Amatista (no paré en la Isleta del Moro, como hago casi siempre, simplemente porque en esos momentos no sabía cuánto me llevaría llegar al Cortijo del Fraile bajo aquél sol abrasador).
Una vez recuperado el 80% del agua de mi organismo, tomé rumbo al Cortijo del Fraile, pero sin tener claro aún a dónde ir tras llegar allí, ya que el calor apretaba incluso más que antes debido a la falta de viento. La verdad es que me da cierta pena ver el estado en el que está el lugar, con lo bien que se ve en "El bueno, el feo y el malo"...
Finalmente, y tras la sesión de fotos pertinente , me vi con fuerzas para llegar a Los Albaricoques. Una vez allí, recorrí diversos escenarios, como la era del mítico duelo final de "La muerte tenía un precio" o las salidas y entradas a "Aguas Calientes", el pueblo ficticio de la misma película. Una vez saciada mi curiosidad, y siguiendo los pasos de Clint Eastwood y Sergio Leone, volví sobre mis pasos hacia Rodalquilar, esta vez cogiendo otro camino distinto al que había tomado desde el cortiijo del Fraile.
Al volver a Rodalquilar, me planteé ir a Las Negras, pues allí pasé varios veranos cuando niño, pero, debido a que aquéllas carreteras no son muy de fiar un sábado por la noche, deseché la idea y me dirigí hacia San José por el mismo trazado (Los Escullos-Boca de los Frailes) que había tomado en la ida.
Una vez en San José, me alojé en el albergue, compartiendo habitación con 3 alemanas de muy buen ver (nada mejor tras un día duro y agotador). Tras dejar todo listo, fui a darme un baño en la playa y me topé con una reunión de senderistas, con su música y todo. Sobre las 10 de la noche, volví a coger la bicicleta y me dirigí a la Playa de los Genoveses para hacer unas cuantas fotos nocturnas. Una vez allí, conocí a una pareja de ingleses que llevaban mes y medio dando la vuelta a España con un furgón Volkswaggen con más de 30 años. La verdad es que me arrepentí de haber pagado ya la noche en el albergue y no poder quedarme a dormir en la playa... Pero, con 3 alemanas en la misma habitación que tú, a ver quién era el tonto que no volvía...
Al final, charlando en inglés con éstas, nos dormimos hacia las 3 de la mañana...


El domingo recorrí los 44'25 kms entre San José y Almería, parándome en cada cala que pillaba de paso.

El despertador sonó a las 7'30..., pero me levanté una hora y cuarto más tarde. A las 9, ya estaba desayunado y listo para comenzar el día. La primera parada fue la Playa de los Genoveses. El agua estaba tan cristalina y con tan buena temperatura que no pude evitar darme un baño. Me encanta eso de poder andar hacia el fondo sin que el agua no llegue a cubrirte por completo.
Tras unas buenas fotografías panorámicas, continué la marcha hasta la cala de Mónsul y su playa, donde, a pesar de no ser aún ni las 10'30, ya estaba llena de gente (¿acaso duermen allí con las sombrillas ya listas?). Tras una serie sucesiva de baños y paradas para fotografiar el (poco) paisaje visible entre tanto bañador, niño gritando, sombrillas y casas plegables, encaré con temor la subida de Vela Blanca. Nunca he conseguido subirla del tirón, y con un calor ya asfixiante, la ocasión no parecía la mejor para intentarlo, pero, aun así, puse toda la carne en el asador y comencé la ascensión con bastante confianza... hasta que, 50 metros más adelante, el desviador se atascó y la cadena se salió. Ritmo perdido; resignación. Tras solventar como buenamente pude el problema (aún sigue renqueando), continué el camino, a ratos pedaleando y a ratos andando.
Tras llegar al Faro (tomando unas buenas panorámicas de la Playa de las Sirenas, por cierto), repuse fuerzas con un bocadillo que me sirvieron en el restaurante El Faro (servicio de 5 estrellas, muy agradables) y coroné la subida de la Fabriquilla del tirón.
Desde Las Salinas hasta las playas cercanas a Cabo de Gata, me encontré en el Infierno; playas atestadas, el olor a pescado frito... Al parecer, han organizado un tramo especial del Rally de España en los caminos de por allí, porque si no, no entiendo qué hacían unos 4 coches derrapando por los trazados para senderistas y ciclistas. Lo digo porque, en uno de esos derrapes, casi me barren del mapa; un Seat Ibiza rojo apareció frente a mí deslizándose de lado por la tierra. Tuve el tiempo justito de pegarme a una valla de madera y ver cómo la parte trasera del coche pasaba a un par de centímetros de mis alforjas. Después del susto y unos cuantos kilómetros peleando con la arena, llegué a Retamar... que, en mi opinión, es donde acaba lo interesante.

La verdad es que me gusta bastante salir el fin de semana y marcarme rutas a mi ritmo, sin prisas por llegar a ningún sitio específico...
La vida es como andar en bicicleta.
Para mantenerte en equilibrio,
tienes que seguir moviéndote.

Albert Einstein